Reflujo: duro contra esta molestia

El reflujo es una molestia común en los bebés, pero no por ello deja de representar peligros potenciales para la salud y el óptimo desarrollo de los niños.

Es normal que los lactantes de hasta ocho o diez meses regurgiten (devuelvan por la boca algo del alimento que acaban de ingerir) e incluso vomiten, pues a esta edad es natural cierta inmadurez del mecanismo por el cual la comida es retenida en el estómago. Entre el final del esófago y el inicio del estómago, tenemos una válvula denominada cardias, que abre, para dejar pasar lo que comemos hacia el estómago, y cierra, para que eso que ingerimos no regrese hacia la boca y continúe su camino hacia los intestinos. Cuando el cardias falla, la comida retorna acompañada de ácidos estomacales hacia el esófago, irritando este delicado órgano y dando lugar a una serie de molestias que, de no ser oportunamente atendidas, se pueden complicar o convertir en lo que los médicos llaman enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

 

De acuerdo con el pediatra Víctor Manuel García Hernández, alrededor de la mitad de los bebés pequeños presentan reflujo gastroesofágico, pero de ellos sólo una mínima parte (dos de cada 100) desarrollan la ERGE. De ahí la importancia de que no cunda el pánico, pues con unas cuantas medidas, la mayoría de los bebés pueden vivir tranquilos y desarrollarse dentro de la normalidad mientras la molestia cede.

 

Tus armas contra el RGE

 

1. Cuidar su posición

 

Al dormir. Los médicos recomiendan evitar acostar boca abajo a los bebés con reflujo y, en lugar de ello, acomodarlos sobre su costado izquierdo (le puedes poner un cojín cilíndrico detrás de su espalda) pues, en esta postura, la forma del estómago en conjunto con la fuerza de gravedad dificultan el retorno del alimento hacia el esófago.

 

Para dormir, otra excelente opción es colocarlo en un colchón antirreflujo o en su silla de día.

 

En el coche. Asegúrate de que viaje reclinado, pero lo más erguido posible, y de que el broche no oprima demasiado su abdomen.

 

Al alimentarlo.Vigila que mientras toma su biberón se encuentre en un ángulo de por lo menos 45 grados, y no lo acuestes hasta media hora después de comer.

 

 

2. Ponerle ropa cómoda. Evita a toda costa vestirlo con prendas apretadas, especialmente a la altura del estómago. Prefiere los overoles en vez de pantalones con pretina o elástico en la cintura, y en general los tejidos de punto.

 

3. Darte tus mañas al alimentarlo

 

Amamántalo. La leche materna es la mejor opción para alimentar a un bebé con reflujo porque es hipoalergénica y fácil de digerir. Además, el reflujo puede empeorar cuando un bebé es intolerante o alérgico a la lactosa así como a la leche de vaca. Si esto es posible, haz algunos cambios en tu alimentación: evita los lácteos, la cafeína, los platillos muy grasosos y condimentados, las frutas cítricas y los vegetales con fama de flatulentos (calabacita, col, brócoli, coliflor, pepino). Mantén estas restricciones durante una semana y reintroduce estos comestibles a tu dieta uno por uno y con moderación, mientras vas observando cómo reacciona tu hijo. Quizá debas abstenerte de algunos ingredientes y puedas retomar otros. Si no puedes darle pecho, comenta con el pediatra la posibilidad de ofrecerle una fórmula a base de soya o antirreflujo.

 

Espesa la leche. El doctor García recomienda agregar una cucharadita de cereal precocido a cada onza de leche que se ofrezca al bebé (siempre y cuando sea mayor de seis meses); en un primer intento, arroz y, si este no ayuda, avena. La idea es que el alimento caiga «más pesado» en su estómago y dificultar que regrese por el esófago.

 

Reorganiza sus tomas. Fracciona en porciones pequeñas y frecuentes el alimento que habitualmente le das. Y en la noche no le des de comer justo antes de la hora de dormir.

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