Mi bebé tiene moquitos, ¿qué hago?

Es común que los bebés recién nacidos tengan moquitos, son bastante molestos y, si se infectan, pueden producirles sinusitis, otitis, faringitis? La mejor opción es quitárselos.

Los moquitos son una respuesta de nuestro aparato respiratorio a una agresión. Siempre se ha calificado a los niños como ?mocosos? precisamente porque en sus primeros años de vida, al entrar en contacto con la mayor parte de agentes infecciosos -sobre todo de tipo respiratorio, que se contagian más fácilmente- la respuesta más frecuente son los moquitos.
En realidad lo que hace su cuerpo es tapizarse por una película de moco que actuará de barrera para evitar un siguiente contacto ante la exposición a las infecciones.

 

De esa forma, cuando el moco se arrastra y se elimina, también se eliminan los microorganismos. El problema viene cuando en una cavidad tan pequeña como las fosas nasales de un bebé se acumula una importante cantidad de moco: hace que el paso del aire sea más difícil, y por eso es bueno ayudarlo a eliminarlo cuando notamos que tiene dificultades para respirar.

 

¿Cómo aliviarlo?

 

Mediante lavados nasales con suero fisiológico o utilizando dispositivos como los aspiradores nasales. En cualquier caso, lo importante es vigilar si nuestro hijo tiene problemas para respirar ?cuando sí es necesario aliviarle los síntomas- o no nos está demandando que le quitemos los moquitos porque sigue comiendo con normalidad y teniendo la misma vitalidad. En este último caso, las técnicas del suero o el sacamocos podrían ser molestas para el bebé e incluso perjudiciales, ya que ambos pueden irritar más y favorecer mayor producción de moco.

 

¿Cuándo se los quito?

 

Antes de dormir. Los bebés respiran el 90% del tiempo por la nariz, aún no tienen el reflejo de respirar por la boca demasiado pronunciado. Por eso, cuando están dormidos y los mocos les provocan esa sensación de ahogo (les llega menos oxígeno al cerebro), se despiertan llorando.

 

Antes de comer. Al tener la boca tapada por el pecho o el biberón, no podrán respirar con normalidad. Por eso, cuando tienen muchos moquitos, suelen comer menos. También suelen vomitar más.

 

Cuando esté incómodo. Los bebés tienden a vomitar más fácilmente que los adultos y, muchas veces, los mocos les provocan náuseas.

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