¿La vida es dulce?

No hay nada como algo dulce a la hora de comer o al momento del recreo. Sin embargo, el exceso de azúcar en la dieta de nuestros hijos puede provocar problemas serios de salud

Los datos sobre obesidad en México son apabullantes: por ejemplo, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 dio a conocer que hasta ese año ya eran más de cuatro millones de escolares entre los 5 y 11 años con sobrepeso y obesidad. De 1999 a 2006 el aumento de obesidad infantil fue alarmante; mientras que en niños fue de 77%, en niñas registró 47%.

¿Cuál es la causa de este aumento en porcentajes?
Existen varios factores: uno, en México seguimos con la creencia de que «niño gordito es igual a niño sano», un mito que arrastramos por varias generaciones; dos, la sobreexposición a la que nos vemos sometidos por los medios de comunicación para consumir de manera desmedida alimentos con poco valor nutrimental; y tres, la costumbre de proporcionar a nuestros hijos menús sobrecargados de azúcares, pues pensamos que «necesitan energía adicional para que estén bien despiertos en la escuela».

Al respecto, siguiendo las recomendaciones de la nutrióloga Maribel Santaló, podemos afirmar que una guía adecuada para crear un menú para niños sería la incorporación en cada platillo de al menos un alimento de cada grupo del Plato del Bien Comer. Y en cuanto a su preparación, ella puntualiza que se debe limitar el uso de ingredientes ricos en grasas, aceites y azúcares. Por último, la experta señala que «los refrescos son otro de los factores que ha propiciado el incremento de peso en los niños. Recordemos que México es uno de los países de mayor consumo per cápita de los mismos. En este sentido, se debe procurar ofrecerles otras alternativas, como aguas de fruta naturales», preparados que contienen azúcar natural, no añadida ni procesada.

¿Qué hago si mis hijos no se pueden resistir a los dulces?
De acuerdo con la nutrióloga Rebeca Hernández, de la Clínica de Nutrición Von Saalfeld, «lo primero por aclarar es que los niños no necesitan azúcar. Sí, requieren energía, pero no es en el azúcar donde la deben obtener. Ellos necesitan sustraer estas calorías de alimentos ricos en nutrientes, no de las calorías vacías del azúcar».

Lo ideal es que, desde pequeños, los hijos no se acostumbren a que los productos procesados ricos en azúcar sean cosa de todos los días; pero en el caso de que hoy no suceda así, nunca es tarde para empezar a inculcarles mejores hábitos e ir disminuyéndolos de su alimentación.

La línea es muy delgada para reestablecer el balance de alimentación con nuestros hijos, sobre todo si están acostumbrados a comer muchos dulces o alimentos repletos de azúcar procesada. Para lograrlo, la nutrióloga Hernández recomienda lo siguiente:

1. No etiquetar los alimentos de «prohibidos», «premios» o «malos». Está comprobado que esto sólo hace que los pequeños los deseen más y los lleguen a usar como «gratificaciones» o «relajantes» cuando están tristes, con problemas escolares, etcétera.

2. Limitar los dulces en la alacena. No hacer de ella una dulcería.

3. Explicarle a nuestros niños que los dulces son nada más para el postre, pues no tienen todos los nutrientes que necesitan para  ayudarles a crecer fuertes.

4. Deja que en alguna merienda tengan acceso a unos cuantos dulces destinados para esa semana. Por ejemplo algunas galletas que acompañen con un vaso de leche.

¿Y fuera de casa?
Pero, ¿qué pasa cuando los niños están fuera de casa (en la escuela) en donde el ofrecimiento de comida «chatarra» por parte de sus compañeritos y la venta de dulces son cosas frecuentes? Lo mejor es aconsejarles que sólo consuman lo que llevan en su lonchera, y que si aceptan probar lo que lleva su mejor amigo, lo hagan pero sin excederse; deben aprender a decir «No, gracias.  traigo mi lunch». Asimismo, nosotros debemos prepararles un lunch nutritivo, que incluya cosas que le gusten, pero que también les proporcionen los nutrientes y la energía para desarrollar adecuadamente su actividad escolar. Por último, sugerimos alguna opciones de lunch semanales para que ellos se acostumbren a comer sin mucha azúcar añadida. Si logras que se hagan a este hábito, habrás cumplido con tu cometido.

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