¡Con masajes! Tu pareja puede ayudarte durante el parto

MEDIANTE FRICCIONES Y CARICIAS, TU PAREJA PUEDE AYUDARTE A ALIVIAR LAS MOLESTIAS DE LA DILATACIÓN

Por Jessica López Cervantes

El gran momento llegó. Tu cuerpo comienza a darte las primeras señales de que está preparándose para el nacimiento de tu bebé. ¿Qué debes hacer? Nada en especial. Desde el principio tienes que estar tranquila, ¡y ponerte feliz y contenta! Ya falta poco tiempo para conocer a tu hijo. Si todavía no se te rompe la fuente, no es necesario que vayas al hospital hasta que las contracciones no empiecen a ser regulares. Puedes aprovechar la espera para darte un baño, preparar los últimos detalles, pasear o ver tranquilamente una película.

La idea es satisfacer las necesidades de tu cuerpo conforme se presenten. El secreto para tener un buen parto está en controlar las tensiones; para eso hay dos claves: piensa que el trabajo de parto lo estás compartiendo con tu bebé, él ha comenzado su tarea y tú debes ayudarle; la segunda es permitir que papá los ayude a ambos.

Por un lado, puede recordarte las lecciones que aprendiste en la preparación para el parto para coordinar tu ritmo respiratorio con las contracciones.

Además, sus caricias aliviarán la tensión que sientas; justo cuando las contracciones comiencen a ser molestas, puede ayudarte a reducir la tensión con un masaje: aparte de mejorar tu estado físico y anímico, el contacto piel con piel beneficia a tu pareja porque le hace sentirse más unido a ti y a su bebé, y le permite participar de manera todavía más activa durante el nacimiento.

GLÚTEOS

Realizan gran parte del esfuerzo durante el proceso porque tu bebé presiona contra el recto y ano al tomar la curvatura del canal de parto. Aparece la sensación de querer defecar y, de forma automática, contraes más los músculos de las pompis y del suelo pélvico, ofreciendo resistencia al descenso del bebé.

  1. Masajea recorriendo la zona, con lentitud y firmeza, haciendo círculos de distintos tamaños y con distinta fuerza.
  2. El movimiento se puede hacer con una pelota, las yemas de los dedos y el puño. Si, al mismo tiempo, comprimes y distiendes las pompis, notarás la tensión de la pelvis y lograrás relajarte.

 

PIES

Al friccionar las plantas y dedos de los pies se relajan los músculos de las piernas y se previenen y disminuyen los calambres.

  1. Toma el pie con firmeza, desliza las manos hacia los talones, presionando la planta con los pulgares. Desde el talón vuelve hacia los dedos masajeando el empeine con movimientos circulares.
  2. Fricciona los dedos con movimientos circula- res tomándolos con el índice, pulgar y corazón, desde la base hasta la yema. Cuando el dedo esté relajado, estíralo con suavidad.

 

PIERNAS

Los músculos de la cara interna de las piernas se contraen involuntariamente durante las contracciones. Tú debes relajarlos.

  1. Con una pelota de tenis recorre, firme y lentamente, la cara interna desde la ingle hasta el pie, alternando las dos piernas. Puedes hacer el mismo recorrido con ambas manos extendidas y pegadas una junto a la otra. Para cambiar de pierna, pasa la mano o la pelota por el pu- bis con suavidad (un masaje de paso que no viene mal).
  2. Cuando la tensión sea extrema, coloca la mano extendida en la ingle, con los dedos hacia el pubis, y al deslizarla hasta la rodilla, presiona con firmeza la cara interna del muslo (la otra mano sostiene la pierna). Luego vuelve lentamente por la cara externa del muslo y rodea la articulación de la pierna con la cadera antes de llegar a la ingle. Repite la operación.
¡Con masajes! Tu pareja puede ayudarte durante el parto
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ABDOMEN

Las caricias en la pancita, entre contracción y contracción, también son beneficiosas.

  1. Es útil dar un masaje circular en el sentido de las agujas del reloj.
  2. Es mejor un masaje circular suave en el sentido contrario. La mano en el hombro impide que el tórax se encoja y propicia una exhalación larga y suave.

 

SACRO

Este hueso está situado en la unión de la pelvis y la columna vertebral. Para localizarlo debes colocar las manos sobre los grandes huesos de la cadera y rodearlos hasta encontrar con los pulgares el lugar en que la pelvis se une a la columna.

  1. Puedes hacer un masaje de fricción, realizando con los pulgares movimientos circulares firmes, o bien presionar con las yemas de tus pulgares la punta de la columna vertebral y luego deslizar las manos hacia la cintura y desde ahí al sacro varias veces seguidas.
  2. Presiona firme y prolongadamente la zona con el talón de la mano (la parte más carnosa), permitiendo que el peso de tu cuerpo fluya a través de las manos hacia tu pareja. No ejerzas presión, sólo deja que la fuerza de tu propio peso pase con el masaje al músculo que se encuentra tensionado.

 

COXIS

Es la última porción de la columna y debes masajearlo mediante compresiones. Ella necesita arrodillarse en posición de gato o acostada de lado. Tú debes colocar las manos, una a cada lado, donde termina la columna. Con las manos extendidas realiza un movimiento oscilante y rítmico, o bien, una firme presión en la zona que ayudará a que la base de la columna pueda relajarse.

 

CABEZA

La cara también guarda tensión que se acumula en abdomen, glúteos, vagina y periné. Al suavizar la expresión de la cara, se relaja el resto del cuerpo. Dibuja suavemente círculos pequeños en los ojos, mejillas y frente. Después, con dos dedos, imprime presión progresivamente en las sienes y, luego, descomprime con lentitud. La tensión irá desapareciendo.

 

ESTE ARTÍCULO SE PUBLICÓ POR PRIMERA VEZ EN LA EDICIÓN IMPRESA DE NOVIEMBRE DE LA REVISTA PADRES E HIJOS.
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