Adiós a todo

La difícil tarea de crecersin pañal, sin chupón, sin cuna… De repente, ?su mundo se transforma y a tu pequeño no le ?gusta nada.

Los «difíciles dos años» no se llaman así por capricho. Es la edad en la que los niños empiezan a poner en marcha su personalidad: querer o no querer hacer algo, reivindicar su opinión, decidir por ellos mismos, etc. Su relación con el entorno ha empezado a cambiar.

Y también es la edad de despedirse de un montón de cosas «de pequeños». Por eso aparecen las temibles rabietas. Al fin y al cabo, son decisiones que papá y mamá están tomando por él (dejar de usar chupón, cambiar su cuna por una cama, olvidarse del pañal?). Y aunque los adultos acaben saliéndose con la suya, a lo que no están dispuestos es a dejarse hacer sin poner resistencia. Aunque no siempre es fácil, los especialistas recomiendan ponerse en el lugar del niño para no enfadarse con él a las primeras de cambio y tener paciencia.

Adiós al rey de la casa
Cuando a Pablo le dijeron que iba a tener un hermanito ni siquiera entendió bien qué significaba eso. Pero ahora que Javi está en casa empieza a comprenderlo? y no le gusta nada. ¿Cómo ayudarlo a compartir su trono?

Primer paso: por mucho que lo intentes, toda la atención que antes se dirigía hacia él ahora hay que repartirla. Pero puede lograr que pase por alto el cambio si mantienes sus ratos especiales: mamá le sigue dando de comer, papá lo baña, ambos le cantan igual que antes mientras lo ayudan a vestirse? Siempre que mantengan su cuota imprescindible de afecto y atención, compartir su reinado será, por lo menos, algo más fácil.

Segundo paso: involucrarlo en las tareas más sencillas del cuidado de su hermano lo hará sentir importante y dejará de preocuparse por ser el rey de la casa. A su manera, lo sigue siendo. Si no fuera por él, ¿quién llevaría los pañales del hermano a mamá o avisaría a un adulto cuando el bebé llora?

¿Por qué tiene que acostumbrarse cuanto antes?
La llegada de un hermanito supone un caos en toda regla, pero también en ese momento será consciente de que algo ha cambiado en su pequeño mundo. Lo importante es procurar que las cosas sigan siendo lo más parecidas al pasado.

Adiós a la carriola
Primer paso: explicarle que solo los bebés van en sillita ¿No querrá aprender a saltar y a hacer carreritas? Pues desde la silla no podrá.

Segundo paso: procurar acudir caminando a los sitios que estén cerca. Eso significa multiplicar los tiempos de los trayectos y cargarse de paciencia, pero es la única forma de que se acostumbre a que viajar sentado no es necesario. Eso sí, cuando tu trayecto sea más lejos, la carriola será tu gran aliada.

¿Por qué no debes esperar?
A esta edad están conquistando un sinfín de nuevos movimientos que la presencia de la carriola limitaría. Los niños necesitan caminar para ejercitar su cuerpo, desarrollar los músculos y el equilibrio.

Adiós a la cuna
En el cuarto de Mauro hay unos señores desarmando su cuna y montando una cama. Cuando él los ve, va corriendo a buscar a mamá y, entre lágrimas, dice que se portará bien. ¿Cómo lo hago entender que este cambio le gustará?

Primer paso: hablarle de las ventajas de una cama enorme y no esa «miniatura» de cuna. ¿No ha querido siempre dormir en la de papá y mamá? Pues llegó el momento y ahora tiene una gran cama para él solito.

Segundo paso: acompañarlo la primera noche que vaya a dormir en su cama y seguir la rutina nocturna: leerle un cuento, apagar la luz al salir de la habitación, dejarle un vaso con agua sobre la mesilla? Eso lo hará sentirse seguro.

¿Por qué no debes esperar?
En primer lugar, por pura cuestión de espacio: en pocos meses al pequeño le resultará tan incómodo dormir en su cuna como ponerse la pijama que utilizaba hace un año. Aunque la razón fundamental es que potencia su autonomía: la cama, de la que puede subir y bajar con facilidad, fomenta su independencia, algo que necesitará cada vez más.

Adiós al pañal
No le tienen especial cariño. Sin embargo, decirle adiós al pañal no es una tarea sencilla. Que vayan encantados sin él no quiere decir que lo sustituyan automáticamente por el baño. Pero unos cuantos trucos facilitan la transición.

Primer paso: empeñarse en quitarle cuanto antes el pañal no sirve de mucho. Por eso lo más importante es detectar cuándo está preparado. ¿Las pistas? Que parezca sentirse incómodo cuando está mojado y quiera quitárselo a toda costa. O que muestre signos de que se está aguantando las ganas de hacer pipí (cruza las piernitas con fuerza o se mueve mucho). Otra señal es que su pañal se mantenga seco durante largos períodos de tiempo o que él mismo sepa cuándo tiene ganas. Esto se descubre preguntándole si quiere hacer pipí o popó en el baño.

Segundo paso: ayudarlo a ser consciente de que va por buen camino. Una forma de conseguirlo es hacer una «minifiesta» cada vez que se produzca un progreso. Por ejemplo, cuando pida hacer pipí por primera vez, aunque luego no haga nada, o tras su primera micción en su bañito entrenador. Y, por supuesto, después de permanecer todo un día sin fugas.

¿Por qué no debes esperar?
Si bien el adiós al pañal es una conquista natural de los niños, que alcanzará cuando se sienta preparado, habrá que echarle una manita. Por sí solo tu pequeño nunca decidirá quitarse el pañal.

A Belén le gusta investigar el mundo sin las ataduras de su carriola, pero ha descubierto que también es muy cómodo recorrer las calles sentadita. Cuando empezó a caminar estaba deseando dejar las ruedas, pero entonces nadie lo permitía. ¿Por qué, ahora que todos quieren, ella debe ceder?

Involucrarlo en el cuidado de su hermano lo hará sentirse importante y dejará de preocuparse por defender su trono.

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